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CRITICA
Por: PACO CASADO
Esta película incide en el tipo de cine madrileño, hecho por los directores treintañeros progres, añorantes irresponsables de la década de los años sesenta, y que ya por fin se dan cuenta de que aquello fue historia y que la juventud de los ochenta no tiene nada que ver con ellos.
En cierto modo con esa misma temática de ruptura generacional, se plantea este film Fernando Trueba que se basa en la realidad, con situaciones cotidianas.
Pero si el tópico de choque entre generaciones se aplicaba antes siempre entre padre e hijos, ahora la cosa es más sutil y se produce entre los de treinta y tantos y los de viente años.
Este es el caso de un tal Matías Molinero, que dice que es autor de novelas policíacas, casado, separado y con un hijo de corta edad, encuentra en la Plaza de la Opera, frente al Teatro Real a una prima que se llama Violeta, que estudió violín y a la que no veía desde hace años.
La contrafraternidad familiar lleva a la pareja a vivir y a aburrirse juntos.
Ese encontrarse un día por casualidad en la plaza de Opera (de ahí el juego de palabras del título y el hecho de ser la ópera prima de Fernando Trueba) y que viven lo que llamaríamos una historia de amor, descrita de forma lineal simpática y agradable, con una dirección bastante suelta para estar en los comienzos.
Los aspectos sentimentales, las amistades, el tema sexual, van pasando apaciblemente por la pantalla hasta llegar a un final feliz momentáneamente.
Fernando Trueba carga la mano en los chistes privados para uso de iniciados, no sólo cinéfilos, sino también literarios, musicales o intelectuales en general, que el público se pierde, aunque se divierte con la comedia simpática que desarrolla toda esta historia.
Así la entrevista con el escritor underground, el cuadro en blanco homenaje al norteamericano J.D. Salinger, un escritor que prohíbe que se haga cualquier tipo de reseña personal en las solapas de sus publicaciones, o la fiesta del Sol en Machu-Pichu, este año manipulada y financiada por una compañía filial de Coca Cola.
No falta la referencia cinéfila, el guiño al espectador, ni la secuencia relativa al cine pornográfico.
Posiblemente alguna parte de la juventud española se ha visto reflejada en estos personajes y se ha identificado con los protagonistas.
Toda esta parafrenalia se la pierde un noventa por ciento del público, para el que de todas formas pervive una envoltura de comedia simpática, con unos personajes muy de hoy, para redondear este debut en la dirección de Fernando Trueba.
Ganó el Hugo de plata a la mejor ópera prima en el Festival de cine de Chicago, el premio AGIS a Fernando Trueva en la Mostra de cine de Venecia y el Fotogramas de plata al mejor actor para Óscar Ladoire.
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