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CRITICA
Por: PACO CASADO
Vittorio De Sica durante mucho tiempo fue considerado como uno de los grandes directores del cine italiano y universal, por los historiadores y críticos.
Recientemente tras el snobismo de la nueva ola francesa y las renovaciones de la técnica cinematográfica quee sta trajo consigo, el trabajo de de Sica se desestimó por la crítica joven, achacándole que ya se encontraba viejo, que su cine no interesa, que ya no es el de antes...
Quienes esto dicen, y algunos han llegado a hacer cine, se han vistos obligados a copiarles sus planos maestros.
Es difícil desmentir la valía de un artista cuando tienen por base la solidez de haber sido capaz de engrendrar obras maestras de la categoría de "El limpiabotas", "Milagro en Milán", "Umberto D" o "El oro de Nápoles", entre otras.
Se podrá estar más o menos de acuerdo con él porque esté más o menos a tono con las circunstancias, pero lo que no se le puede negar es el valor y la gloria de lo ya conquistado y reconocido.
En el caso de Vittorio De Sica nos demuestra que su cine no ha pasado. "Dos mujeres" era una gran película. "Ayer, hoy y mañana" ha obtenido un gran éxito donde quiera que se ha proyectado y "El especulador" viene a confirmarnos que es capaz de ponerse a tono con las circunstancias sin dejar de ser un clásico, asimilando poco a poco y digiriendo lo nuevo, creando y renovándose al mismo tiempo dentro de su estilo y su forma de hacer para ofrecerse nuevamente joven, a pesar de las limitaciones que su cine siempre encuentra con los productores.
Como un clásico del cine que es su obra merece un detenido estudio y no una mirada despreciativa, y algunos ni eso, para después decir un no rotundo.
Su cine nos entusiasma porque las imágenes pasan por el blanco lienzo con suavidad, maestría, casi no llegamos a darnos cuenta que ha logrado montar una imagen con la siguiente, salvo en raras ocasiones.
"El especulador" será la película que revive el problema de la validez de De Sica. A su lado siempre ha contado con la colaboración de Zavattini, el hombre de las ideas primigenias, que ha sido capaz de sacar un maravilloso guion de una frase popular, con ese humor negro o mejor diríamos refinado y triste con el que nos crea un personaje, una situación y la desarrolla llevándolo hasta sus últimas consecuencias.
El ambiente está perfectamente captado y cada situación, cada escena esta llena de inspiración e ingenio, de frescura y originalidad, pulsando con tal fuerza nuestra sensibilidad que es difícil olvidar la sensación que nos produce.
¡Que valentía! ¡que dominio! ¡qué maestría la explosión unión de De Sica y Zavattini, produciendo el éxito completo para el logro de la obra de arte.
Es más, yo diría que han querido reflejar ambos su labor, su lucha por el cine, su trabajo, su menosprecio constante, y se han identificado de manera simbólica con el personaje central.
Han tenido que hacer muchas concesiones a lo largo de su carrera para no dejar de hacer ese cine arte que ellos desean, ese ojo, en definitiva.
El tercer gran artífice del film es Alberto Sordi, que a través de su genial interpretación, superándose a sí mismo, tomando incluso algo del maestro, De Sica, ha conseguido dominar al espectador en todo momento, lograr su atención hasta dejarlo absorto tan solo en su figura y haciendo que al final no le importe si le sacan el ojo o no.
Buena fotografía de Nannuzzi y muy acorde la partitura musical de Piccioni.
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