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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Realmente lo mismo da que sea Marcista, que Hércules o Ursus, el caso es presentar a un fornudo lleno de buenas intenciones y afanes justicieros para con esa base componer una cinta más de romanos, género ya fallecido, pero del que se siguen llegando antiguas reliquias con la que sacar unas últimas perras a una moda que en los años sesenta dio muchos ejemplos en la cinematografía italiana.
Estos personajes a menudo son héroes, otras veces protagonistas de novelas, a veces dioses, pero todos coinciden en un muy loable afán de justicia o igualdad social, que ya lo quisieran para sí barbudos y actuales jovencitos progres de nuestros días.
Estos musculosos e inefables protagonistas siempre tienen un tirano a mano contra quien luchar, y una bella a quien amar.
Así, los guionistas no tienen que esforzarse mucho, introduciendo peleas de vez en cuando, algún personaje grotesco, como enanos, graciosos o incluso chimpancés, como en el caso presente.
Con Maciste como forzudo de turno, nos llega ahora a las pantallas este "El gladiador más fuerte del mundo", un ejemplo más de la serie y el género, que poco puede atraer a estas alturas.
Dirigido por Michele Lupo, la cinta no presenta nada nuevo, acaso un mayor sentido realista e incluso violencia a veces, junto con las consabidas notas de comicidad habida cuenta que es un producto dirigido a un público infantil.
Unos decorados endebles, tanto en esquema como en construcción, arropan las aventuras de este Maciste encarnado por Mark Forest, más preocupado de tener bien engrasados los bíceps que de su labor como actor, junto a una Scilla Gabel correcta.
Cinta, en definitiva, que ahora solo es tragable a nivel de un público infantil.
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