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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
El argumento de esta película es simple y a la vez complejo.
Superficialmente no se trata más que de la conducción de ganado por parte de un viejo ganadero ayudado por un puñado de mozalbetes, toda vez que los hombres de la región se han ido a buscar oro, en plena fiebre del codiciado metal.
Pero por debajo de la peripecia, y al margen de los incidentes que los guionistas introducen para dar movilidad a la acción, el film es una reflexión sobre el comportamiento de estos niños al enfrentarse ante una serie de circunstancias que cada vez se van poniendo más graves.
En este sentido, es una escalada de violencia en la conducta de los muchachos la que nos va presentando Mark Rydell, el director de aquel mediano "Los rateros", y que aquí sabe llevar bien la acción y profundizar a la vez en los personajes, como en el del cocinero negro, muy bien dibujado.
Obra espectacular, con uso y abuso de paisajes en la gran pantalla, va cambiando su estilo a lo largo de su proyección, comenzando a un nivel amable y suave y endureciéndose luego, sobre todo a partir de a muerte del jefe del grupo, interpretado con su seguridad y aplomo por un John Wayne de gesto cansado y físico envejecido.
A un nivel moral, pensamos que el film propugna una moral violenta, presentando la venganza como sinónimo de la justicia, agravándose con el hecho de ser menores quienes la ejecutan, y por ello nos parece inadecuada su calificación oficial en nuestro país, en donde la censura parece seguir fijándose tan solo en los aspectos eróticos o ideológicos, pero no violentos.
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