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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Ya va resultando tópico decir que el género literario de la ciencia ficción no ha tenido suerte en el cine, y que el film "2001. Una odisea del espacio", de Stanley Kubrick es de las pocas muestras serias de dicho género, acaso también junto a "El planeta de los simios" de Franklin J. Schaffner.
Ahora nos llega una cinta "El último hombre vivo", en la que se habla de nuevo no de avances tecnológicos o de naves espaciales o mundos extraterrestres, sino más bien del ocaso del propio hombre por culpa y causa de sus propios inventos.
Este enfoque retrógrado que supone concebir como nefasto el avance científico y humano, se contrarresta con la presencia de algunos hombres lúcidos, como este protagonista solitario, nuevamente encarnado por Charlton Heston, y enfrentado a unas hordas de semejantes que por culpa de una enfermedad extraña solo quieren el retroceso de la humanidad.
A camino pues, entre la ciencia ficción propiamente dicha y su variante de la política-ficción, "El último hombre vivo" naufraga sobre todo por su confusionismo, por su mezcolanza temática, ideológica y estilística.
Posiblemente el tema le ha ido ancho a su realizador Boris Sagal, que tiene más bien a lo espectacular y efectista, sin profundizar en ninguno de los caminos que el tema le ofrecía.
Con algunas escenas válidas, con un cierto interés inicial, "El último hombre vivo" se convierte sin embargo en otra muestra más equivocada de ese ingrato género cinematográfico que es la ciencia ficción, dada su carencia de rigor y de verdadera valía, y a pesar de algunas cosas positivas, como por ejemplo la labor de Charlton Heston o el aceptable colorido.
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