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CRITICA
Por: PACO CASADO
Steno, maestro del cine de humor clásico en otros tiempos y válido realizador de películas de denuncia en los últimos años con su nombre de pila, Stéfano Vancina, quien más recientemente realiza cine policiaco cómico.
Aquí lo tenemos nuevamente como Steno y nos presenta un juguete policiaco cómico de poca altura, hecho muy a la medida de los films de consumo que últimamente inundan nuestras pantallas comerciales.
En Nápoles, el comisario Rizzo mantiene una lucha implacable contra la mafia y su tráfico de drogas.
Cuando el capo principal, don Pastrone, aparece asesinado, Rizzo sospecha que hay un topo en la policía y haciéndose pasar por el nuevo jefe del crimen, se traslada a Hong Kong para contactar con los proveedores de estupefacientes.
En esta ocasión es el gordo Bud Spencer, actuando en solitario, el encargado de protagonizar esta nueva aventura, en la que incorporando el personaje de Rizzo, un inspector de policía italiano, llega a Hong Kong en busca de un policía traidor al tiempo que trata de desorganizar una banda de traficantes que comercian en el narcotráfico.
Allí es donde reparte todas las tortas y bofetadas del mundo, en interminables palizas que proporciona a sus innumerables contrarios a los que, como siempre, vence aunque utilicen kárate o cualquier tipo de lucha oriental, ya que el protagonista corre esta aventura en Hong-Kong, Bangkok, Macao a donde le lleva la persecución y búsqueda del traidor en las filas de la policía, saliendo como siempre, indemne de todo, por más que sus enemigos empleen las técnicas de las luchas marciales orientales o les ataquen en masa, da igual.
Golpes y más golpes en peleas que se hacen interminables, proporcionados por Bud Spencer, a quien no le hace falta tener a su lado a Terence Hill para organizar grandes peleas, como viene ocurriendo en las producciones de chinos, que no sirven más que para alargar un argumento mínimo, estirado sin otros motivos, con situaciones muy convencionales, personajes que no son lo que aparentan, nota sentimental a cargo de un niño nipón huérfano, y al final todos tan contentos y caso resuelto.
Cinta de pura evasión que no tiene otra pretensión que la de divertir, cosa que no dudamos que lo logre en espectadores poco exigentes y que gusten de esta clase de diversión, pero a nosotros nos aburrió en ocasiones, con un guion que decae en su ritmo debido a las constantes repeticiones y a una dirección en este caso de Steno que resulta endeble y propia de los productos comerciales para salir del paso.
En este caso ni siquiera la música compuesta por los hermanos Guido y Maurizio de Angelis nos sonó como en otras ocasiones para darle el ritmo necesario a esta historia.
Bud Spencer repite, una vez más, su personaje de siempre.
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