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CRITICA
Por: PACO CASADO
De vuelta de la Universidad, Lucy regresa a Hawai con dos amigas, Kate y Hannah, y se reúne con su hermana Ellie y Adam, su padre, un escritor sordomudo y Ben, un chimpancé que es la mascota de la familia.
Éste contrae la rabia al matar a una mangosta contagiada y adquiere un carácter agresivo y salvaje, deseoso de sangre.
A partir de ese momento, tanto Lucy como sus amigas, se ven obligados a refugiarse en algún lugar de la casa y ver la manera e poder sobrevivir a sus ataques.
Lo primero que se les ocurre es meterse en la piscina, ya que Ben no sabe nadar y no se tirará al agua para atacarlas, pero allí no pueden estar todo el tiempo, tendrán que buscar una solución a esa situación.
Pertenece esta historia a la serie de películas del género de terror con animal protagonista, en este caso en un chimpancé que se vuelve peligroso para las adolescentes que están recién llegadas con Lucy a las que las ha recibido su padre, que se tiene que ausentar, por lo que quedan solas, sin nadie a quien acudir para que las rescate.
De esta forma ya está planteado el argumento, no hay más, ya que no se pretende más que entretener al espectador que se lo pasa bien, siempre que sea un público joven al que le suele gustar pasar miedo con los films de terror, aunque en este caso hay algunos sobresaltos y algo de tensión con el ataque de Ben.
Pero en la piscina no tienen móvil para pedir socorro y una ha de salir a buscar uno, con el riesgo de ser atacada por Ben.
La realización es del hábil artesano Johannes Roberts, director de títulos como 'El bosque de los malditos' (2005), 'El otro lado de la puerta' (2016) o 'Los extraños: Cacería nocturna' (2018), en los que demostró que tiene oficio, con una dirección correcta.
Está dirigida con un ritmo ágil en el uso de los efectos visuales y animatrónicos que le dan carácter a la bestia con un tono adecuada con la violencia del mono que termina siendo un entretenido producto de serie B, que en todo momento tiene asumido la condición de pasatiempo.
Una cinta muy apropiada para espectadores del género de terror sangriento con algunas escenas como la de la piscina que se hace angustiosa, muy propia de esta clase de cine, a la que no se le puede exigir profundidad en los personajes.
No ofrece nada nuevo pero no aburre, contando la historia con imágenes más que con diálogos.
La trama es sencilla, sin complicaciones, realizada con habilidad, plagada de las típicas víctimas que toman malas decisiones para meterse en problemas.
En la interpretación destaca Johnny Sequoyah y Gia Hunter encarnando a las hermanas y Troy Kotsur en el padre de las dos.
La realización de Johannes Roberts, director de 'A 47 metros' (2017), y su coguionista Ernest Rivera, crean un divertimento en la tradicion de los clásicos del género, con un ritmo adecuado que hace que discurra con facilidad para que se haga corta.
Premio del público al mejor film en el Festival Toronto After Dark.
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