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CRITICA
Por: PACO CASADO
Cuando un director como Manolo Summers destaca en el inicio de su carrera con películas de calidad e interés para el público, en una generación de directores que se pensaba salvaría al cine español, se le exige mucho, aunque es verdad que en sus últimos films había dejado que desear, sometiéndose a los conducentes del cine comercial, porque es lo que deja dinero en la taquilla.
Aquella generación tenla un cierto parecido con la de la Nueva Ola francesa, salvando las distancias.
Había de todo y a Manolo Summers se le podía asemejar a François Truffaut, ya que hacía un cine muy personal, basándose en sus propias experiencias y al mismo tiempo resultaba muy comercial.
Pero hemos apuntado antes que salvando las distancias, ya que Truffaut no ha claudicado y Summers sí lo ha hecho.
Con 'Adiós, cigüeña, adiós' (1971) hemos recuperado al Summers interesante ya que vuelve a hacer su cine personal basado en sus propias experiencias y sus recuerdos de la infancia, y en este sentido hay algo de 'Del rosa al amarillo' (1963), y vuelve a castigar a las instituciones religiosas, a la sociedad de consumo, a las costumbres heredadas de padres a hijos que son difíciles de quitar y con esa barrera de incomprensión entre ellos que son la causa de muchos males de nuestra sociedad actual.
El director sevillano vuelve aquí a su originalidad.
Lo demuestra eligiendo el tema de la educación sexual y la sitúa en un punto muy peligroso, ya que con mucha facilidad la historia se le podía haber ido de las manos convirtiéndose en algo monstruoso, pero no ha sido así, sino todo lo contrario.
Nos da una auténtica lección, tira por tierra el tabú y en buena medida logra su propósito que tenía el tema desde el principio.
No se puede decir que sea redonda, ni una auténtica obra de arte, pero sí una buena cinta..
La dirección maneja bien a los jóvenes actores y actúan con soltura y naturalidad, sacándoles todo el partido posible a los personajes, sin sofisticarlos, poniéndoles en sus labios el lenguaje que le es propio a esas edades, sin palabras rebuscadas, sino llanas y sencillas.
El guion dosifica bien las ocurrentes situaciones logrando mantener el interés, cuando se piensa que ya no hay tema para poder cubrir toda la parte central hasta el desenlace, aunque creemos que algo le falta para ser más completa.
Correcta la fotografía de Luis Cuadrado y la música de Antonio Pérez Olea.
En resumen una producción interesante que vuelve a poner a Manuel Summers en el buen camino de inició de su carrera.
La película ofrece un tema muy interesante y apropiado para poder discutir en un cine club.
Batió el récord de permanencia en cartel en su estreno.
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