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CRITICA
Por: PACO CASADO
El cine policiaco norteamericano, no sólo es campo abonado para películas que suelen ofrecer un buen espectáculo, consiguiendo gran prestigio en su momento, sino que también sirve para denunciar aquellas cosas que andan mal en la sociedad del país.
A través del personaje íntegro del detective, Joe Leland, que está considerado como uno de los grandes soportes de la policía de Nueva York, que defiende la ley y la justicia por encima de todo, se nos ofrece esta historia
Ha heredado una larga tradición de servidores de la ley de su abuelo y de su padre, que fueron patrulleros, pero su concepto de lo que debe ser un buen policía está muy lejos de los procedimientos al uso.
Sabe que existe una corrupción a todos los niveles entre sus compañeros y que en las "alturas" se tapa todo lo que no interesa que salga a la calle.
Aquí se nos presenta un caso en el que están implicados diversos estratos de la sociedad americana, desde los drogadictos a los homosexuales, hasta las clases sociales más altas, que juegan con la especulación de terrenos para el enriquecimiento a costa de los ciudadanos más débiles.
Pero el detective también tiene sus problemas con una esposa ninfómana e infiel, a la vez que investiga un caso de asesinato en un ambiente de homosexuales en los barrios bajos de la ciudad.
El misterioso asesinato de un homosexual, hijo de un millonario, es el inicio de la trama de esta interesante producción policiaca.
A través de la investigación de esa muerte por parte del detective Joe Leland, va apareciendo en el desarrollo de la historia, en forma de denuncia y repulsa, la corrupción que domina amplios sectores de la sociedad americana.
Este planteamiento, relativamente insólito en su momento, otorgó al film un tono polémico, por tratarse de uno de los primeros títulos en el que se plantea el tema del homosexualismo y se aborda con toda claridad.
Cuando el cine negro norteamericano parecía relegado al olvido, Gordon Douglas decidió rescatarlo y lo consiguió a partir de un buen guion de Abby Mann, muy bien elaborado, con esta obra tan estimulante, plasmada a la luz de la nueva tolerancia, pasablemente dura y notablemente pesimista.
Los mundos paralelos de la jungla de asfalto y de la policía están muy bien retratados aquí.
Es interesante la figura central, el detective que da título a esta producción, porque a través de él tenemos una figura humana de un hombre que lógicamente, tiene el deseo de subir en su profesión y de lograr sus éxitos a base de cumplir con su deber, pero que un día le ocurre lo que precisamente le sirvió para conseguir su ascenso, fue el único error que cometió y que le costó la vida a un ser inocente.
Toda su moral se derrumbó en ese instante, pero eso no fue óbice para que siguiera con su empeño, luchando con más ahínco si cabe en contra de los poderosos que tienen podrida a la sociedad.
Esta historia se beneficia de una dinámica puesta en escena de Gordon Douglas, que recupera aquí el pulso de sus mejores realizaciones como 'Corazón de hielo' (1950), 'La humanidad en peligro' (1954) o 'F. de Flint' (1967), entre otros.
Cinta realizada con una gran perfección formal, con una notable dirección de Gordon Douglas y una gran trabajo de Frank Sinatra y Lee Remick y donde hace su debut la encantadora actriz Jacqueline Bisset en el este título que le lanzó a la fama.
Los protagonistas está muy bien apoyados por secundarios como Ralph Meeker, Al Freeman, Jack Klugman, Robert Duvall, etc.
A destacar la fotografía de Joseph Biroc y la música de Jerry Goldsmith que ambientan perfectamente esta historia.
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