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CRITICA
Por: PACO CASADO
Se ha dicho que este es el año de Francis Ford Coppola por la fama adquirida últimamente, pero mejor decir que es el momento al presentar 'La conversación' (1974) en el Festival de Cannes y ganar la Palma de oro.
Director norteamericano, de origen italiano, ha demostrado ser un buen guionista y un notable narrador, como los demuestra en esta película, que quizás sea la más intimista y personal de las suyas.
Alguien ha dicho que ha sido oportuno su film, que la publicidad lo relaciona con el caso Watergate, lo que puede despistar al espectador, ya que eso no es cierto.
Este guion comenzó a escribirlo en 1966 y hubo de postergar su realización por otros trabajo que se cruzaron en su camino.
Por otra parte no tiene ningún matiz político, ya que se centra en el trabajo de un investigador privado, que utiliza la escucha y la imagen para llevar a cabo su oficio y presentar a su cliente las pruebas palpables de la investigación.
Varios temas se encuentran en este rico guion en torno a la figura central del protagonista Harry Caul, que realiza su trabajo con gran pulcritud, con honradez profesional, dentro de lo que supone el vigilar la intimidad de la persona humana, trampa en la que se verá también atrapado al final, que le hace probar la intranquilidad que supone saberse constantemente vigilado, mostrando la frustración del personaje y su indefensión ante la técnica y frente a los demás.
Ambos planos, el psicológico y el moral, se nos dan a lo largo de la trama.
Por un lado es un hombre introvertido, que no desea contar nada de su propia vida, que falla en su relación amorosa con las mujeres, pero que al mismo tiempo necesita del amor de los demás, que alguien le quiera aunque sin dar nada a cambio; por otro lado está su problemática religiosa y su escrúpulo de conciencia.
La cinta tiene de principio un planteamiento lento, adecuado para ir introduciendo al espectador en el clima y la problemática del protagonista, que nos agarra a la media hora de proyección.
A partir de ahí Coppola juega con todos los medios que la técnica cinematográfica pone a su alcance, dosificando el interés de la conversación que le da título, jugando doblemente con la palabra y la imagen que hace coincidir en el rebobinado de las cintas para, en el trabajo de laboratorio, eliminar los ruidos que le permitirán escuchar la clave de la intriga que en ellas se encierra.
Curiosamente el director nos lo da todo de manera fílmica.
Aquí, como en 'Llueve sobre mi corazón' (1969), vuelve a insistir sobre el tema de la responsabilidad del personaje central, que es el investigador Harry Caul, mientras que en aquella otra era una mujer, la chica que abandona el domicilio conyugal y se encuentra con el jugador de rugby deficiente mental que necesita de su protección y que no se atreve a abandonar porque comprende que la necesita.
Al final el protagonista también se sentirá solo y únicamente encontrará efugio en su hobby, la música de jazz y el saxofón que suele tocar en sus retos de ocio y soledad.
Cinematográficamente la película tiene un gran rigor que hace paladear al espectador la técnica del séptimo arte, con un gran trabajo de Gene Hackman, bien secundado por el resto del reparto.
Film que sin duda constituye la obra más lograda hasta el momento de Francis Ford Coppola.
Premio Bafta al mejor montaje y sonido. Palma de oro y premio Ecuménico en Cannes. Premio Sant Jordi a Gene Hackman. Y así hasta un total de 14 galardones internacionales.
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