A El Paraíso, un complejo residencial en decadencia, llega un extraño. Dice ser Quinn, que viene a cubrir el puesto de portero. Gracias a sus esfuerzos, el edificio comienza a mostrar la promesa de Paraíso que ofrecían los viejos letreros en la carretera. Con su simpatía se gana la confianza de adultos y niños. Y convierte el complejo en un lugar en el que todos desean estar y vivir.
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