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CRITICA
Por: PACO CASADO
Continuamos con el mismo tópico de siempre en el cine español y que también ocurre en otras cinematografías, para qué negarlo.
Continuamos exhibiendo a los cantantes en las películas, construyendo guiones que se adapten más o menos a sus posibilidades para que así la producción se beneficie del posible gancho que el cantante de turno pueda aportar con su físico, sus canciones y su fama.
Pero esto también trae aparejado el hecho de que normalmente los cantantes no suelen ser buenos actores, no tiene condiciones ni aptitudes o sus interpretaciones resultan algo afectadas.
Como por lo general sus argumentos son superficiales, sus anécdotas tontitas, los directores que se encargan de este tipo de largometrajes no suelen ser demasiado inteligentes ni demasiado buenos directores, tampoco saben dirigirlos en condiciones.
Rara avis es el caso de un director inteligente como Gonzalo Suárez asociado con un cantante como Víctor Manuel, donde parece que el negado para ser buen actor a pesar de todo es el cantante.
Andrés De Barro, cantante gallego de bastante aceptación, de canciones pegadizas sin ser demasiado malas, con un rostro no excesivamente afortunado, pero con posibles abundantes fans, también tenía que hacer su película, como así se hace constar en los títulos de crédito.
Se han tomado algunas de sus canciones y se han entrelazado con un ligero argumento para justificar su introducción en la trama y ya está.
Así se hace una película intrascendente, sin más pretensiones que la taquilla, porque todo lo demás no merece más comentario que el que surja de los labios de una chica quinceañera que vaya a verla.
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