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CRITICA
Por: PACO CASADO
Jules Dassin es uno de los participantes en la nueva generación de directores norteamericanos que está constituyendo una de las etapas cinematográficas más fecundas de la historia del cine.
Una generación que no se está abriendo camino con facilidad.
Jules Dassin, un intelectual con inquietudes, que pertenece al mismo grupo de pensadores que Arthur Miller, que fue considerado peligroso por sus actividades antiamericanas.
Fue obligado por ello a comparecer ante un tribunal pero se negó a delatar a sus compañeros y fue exiliado.
Se refugió en Francia donde fue acogido con amable hospitalidad donde ha realizado esta película como la obra de un americano.
La manera periodística de enfocar el tema tan propia del artista yanqui, es constante en 'Rififí' (1956), tan inolvidable como su anterior largometraje 'Noche en la ciudad' (1950).
Aquí se nos cuenta que cuatro hombres planean un atraco perfecto a una joyería, pero siempre existe la incógnita del comportamiento del elemento humano.
Estamos, sin duda, ante una de las cúspides del género policiaco en el que el protagonista acepta su negro destino, pues no confía en que el robo a la joyería pueda salir bien.
A pesar de estar ambientada en París, está contada con el ritmo, la agilidad, el sensacionalismo y con una objetividad absoluta.
El robo y la manera de realizarlo ha sido tratado como una noticia desde su comienzo hasta el desenlace.
Se ha prescindido de lo anecdótico o secundario, yendo directamente al fondo de lo importante, con el acierto de haber sabido plantear el argumento con vistas a la comercialidad del film con la eficiencia del género policiaco sin secuencias de relleno.
El guion ha sido realizado con eficacia por una dirección experimentada que sigue fiel a las constantes de estilo de los anteriores títulos de Jules Dassin, con la misma sobriedad en los encuadres, el atrevimiento de uso de algunos racords, pocos movimientos de cámara y el empleo de la elipsis.
De esta manera ha conseguido una cinta con muchos puntos de contacto con 'Atraco perfecto' (1956) de Stanley Kubrick, respecto de la cual es mejor el desenlace, pero no así el robo, que en aquella estaba mejor concebido y narrado.
La interpretación es magnífica, destacando Jean Servais en un trabajo con una perfecta matización, aunque todo el resto del reparto están muy bien encajados en sus respectivos personajes, caracterizados desde el momento de la aparición en la trama.
Ninguno se ha concedido el menor alarde de divismo, por lo que el esfuerzo conjunto hace que funcione como una orquesta interpretando una sinfonía.
La misma idea puede hacerse efectiva a toda la película en la que no hay solistas; ni la música, ni la fotografía, ni los intérpretes se permiten sobresalir del conjunto, por lo que Jules Dassin ha logrado una obra tan compacta, tan sólida, como esta 'Rififí' (1956).
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