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CRITICA
Por: PACO CASADO
En su día el fino humor inglés logró bastante prestigio con delicadas comedias llenas de ironía y sonrisas.
Después vino uno más grosero con burdas parodias y últimamente la moda del humor social en torno al mundo del trabajo y sus obreros en paro.
El pasado año veíamos una película 'El jardín de la alegría' que retomaba el modelo al que aludíamos en primer lugar, que fue muy bien aceptada por los espectadores, y ahora nos llega esta otra que va en esa misma línea, de la que casualmente Brenda Blethyn vuelve a ser protagonista, esta vez en el papel de Betty, mujer madura e ingenua, enamorada secretamente desde su niñez de Boris, un hombre bastante apocado, pero terminó casándose con un concejal que le engaña con su explosiva secretaria.
Con motivo de la muerte de su suegra Betty toma contacto con Boris, que es el dueño de la funeraria, que era su amor de juventud, quien le propone huir con él, organizando un plan para llevar juntos la vida que siempre habían soñado.
Se trata de una comedia de humor negro, con diálogos y escenas ingeniosas en torno a la tediosa rutina de este pequeño pueblo inglés donde rivalizan dos funerarias, una tradicional y otra con modernas y extravagantes ideas sobre la muerte, lo que da lugar a algunos números musicales con temas clásicos incluidos en la trama, algo alargada, ya que fuerza en exceso las situaciones y está falta de ritmo en la puesta en escena que lleva a cabo Nick Hurran (Sexualidad virtual), lo que no es óbice para que esta modesta comedia sin grandes pretensiones resulte un aceptable divertimento.
Alfred Molina y Brenda Blethyn interpretan la pareja de maduros enamorados, mientras que Naomi Watts es la explosiva secretaria.
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