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CRITICA
Por: PACO CASADO
Si hubo que esperar doce años de la primera a la segundo, esta vez han sido tan sólo cuatro para ver la secuela de 'Avatar. El sentido del agua' (2022), o lo que es lo mismo, el tercer capítulo del total de una historia de cinco de ellos, según se dijo en su momento.
En esta nueva entrega, la tercera, continua la historia con las aventuras de Jake Sully, su esposa Neytiri, y sus hijos Lo'ak, Kiri y Tuk, en la que se encuentra con una nueva y agresiva tribu, los Na'vi, a medida que el conflicto crece en el planeta Pandora, que es la novedad que ofrece este nuevo capítulo.
En esta ocasión se enfrenta a la tribu Na`vi, el Pueblo de las Cenizas, que está liderado por la implacable hechicera Verang, mientras que, entre tanto, los problemas se intensifican, cada vez más, y a su vez surgen nuevos dilemas con un enfoque coral a solucionar.
Conforme va avanzando esta historia cada vez va teniendo menos interés, puesto que ya conocemos a los personajes y los nuevos problemas a los que se enfrentan son más o menos parecidos y ya no llaman tanto la atención, dejando de ser de visión obligada, ya que es más de lo mismo, aunque de una forma realmente espectacular que ofrece acción por tierra mar y aire, que es lo que más llama la atención, aunque la historia poco aporta y la batalla final resulte algo confusa.
No obstante James Cameron se las ingenia para ofrecernos nuevos animales fascinantes que maravillan al espectador con la perfección de sus movimientos y la actuación dentro de la trama.
Eran ellos una de las razones que nos mantenían el interés y la profundidad emocional de la historia que en este caso está muy dispersa a lo largo del extenso metraje de más de tres horas, en el que, una vez más, lo que llama la atención es el uso los efectos visuales, la maravilla de los paisajes del planeta Pandora y los lugares donde se desarrolla la acción que es las pocas cosas que mantienen el interés junto con la parte referida a Spider y su deseo por entroncarse en la familia de los Na'vi con un final más o menos predecible.
James Cameron da la sensación que va buscando más el gran espectáculo, el sorprender al espectador más que buscar novedad argumental en la historia que termina con una larguísima batalla que se hace muy repetitiva en muchos momentos ofreciendo pocas o nulas novedades al respecto en lugar de avanzar en lo dramático de la historia algo estirada.
Esta tercera entrega de a Avatar no ofrece novedades con respecto a las dos anteriores, en este sentido, como hemos apuntado antes.
El protagonismo de este relato corresponde a Pandora, que sigue sorprendiendo con su maravilloso paisaje, más que en lo que en él ocurre.
No obstante se tocan temas como la paternidad, el perdón, el duelo, la crisis, la emoción, la pérdida, la depresión, la euforia entre otros, pero muy de pasada sin que se profundice en ellos.
No hay la menor duda que a los fans de Avatar les encantará y además se sentirán satisfechos con esta ración abundante por su longitud de proyección y metraje, aunque no ofrezca nada que no hayamos visto antes en las dos entregas anteriores, aunque con la ventaja de que aquí Jame Cameron puede disponer de una tecnología que está en un grado de avance superior al que disponía en las dos primera.
Como viene siendo ya habitual el exceso de metraje se podía haber reducido, pero quizás entonces no sería tan espectacular.
Un aviso para posibles espectadores, es conveniente haber visto las dos entregas anteriores para comprender mejor lo que ocurre en ésta, lo que no quiere decir que sea imprescindible y no se pueda ver, pero ayuda a comprender mejor a los personajes.
Premio AFI a la mejor película del año. Premio de los críticos de Washington para Zoe Saldaña. Premio de los críticos de San Luis a los mejores efectos visuales. Oscar y Bafta a los mejores efectos visuales y así hasta un total de cuarenta premios internacionales.
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