![]() |
|
CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
A pesar de que Gregory Peck resulta hoy en día muy exagerado en sus gestos, a pesar de lo horroroso que queda el CinemaScope ampliado a 70 milímetros, a pesar de los muchos films del mismo estilo hechos después, estos cañones de Navarone siguen teniendo puntería e impacto comercial en su reposición, al cabo de diez escasos años de la exhibición en nuestro país.
Porque el film de J. Lee Thompson es, esencialmente, un producto comercial, realmente impecable en este sentido.
Estamos ante los comandos arriesgados de siempre, el traidor de turno, el cínico, el héroe... toda una galería, que el espectador se sabe de memoria y que por eso le gusta encontrar en la pantalla.
Una acción llena de peripecias, acaso demasiadas, unos alemanes muy malos, unos ingleses muy valientes, en fin, todo lo buscado y querido por un público que busca el espectáculo y la aventura.
Todos estos valores quedan al cabo de los años, y solo otros se resiente, como por ejemplo la interpretación de algunos, el mal color, el alargamiento de algunas escenas, ola música, interesante, de Dimitri Tiomkin, pero demasiado repetida a lo largo de la cinta.
Todo queda en la película, ambientada en una Grecia casi folklórica, simple escenario para que los anglosajones demuestren lo heroicos que son frente a los germanos, en este caso mucho más que los latinos.
Obra comercial, que suponemos tendrá también éxito apreciable en su reposición, porque la comercialidad es un valor, o un lastre, que perdura a través de los años.
Correcta labor de J. Lee Thompson, un realizador que empezó bien ,pero que casi se ha evaporado en los últimos años.
MÁS INFORMACIÓN DE INTERÉS
VIDEO ENTREVISTAS
AUDIOS
PREMIERE












































































