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CRITICA
Por: PACO CASADO
A la vista de esta película nos queda claro que a estas alturas los dibujos animados ya no tienen ningún secreto para ninguna cinematografía, sea del país que sea, aunque en este caso se trate de una coproducción entre cuatro nacionalidades.
Esta produccion se interesa por el tema de la salud en la infancia, sobre todo cuando le es difícil afrontar una discapacidad por un accidente o una enfermedad y hay que aceptar un tratamiento para curar sus consecuencias que reforzar con amor y la seguridad de los seres queridos.
Aquí se nos cuenta la historia de un niño de once años, Thomas, que tiene un hermano más pequeño, Miki, y una hermana mayor Ceci.
A Thomas le gusta jugar a baloncesto y correr con su bicicleta.
Ceci tiene un amigo, Jack, que la visita con frecuencia con su moto, y en la casa también hay una mascota, el gato llamado Peanut, que de vez en cuando hace alguna que otra travesura.
Un día Thomas tiene un trágico accidente y queda paralítico de sus piernas, por lo que no puede caminar, y tiene que utilizar una silla de ruedas para poder desplazarse.
Pero en cierta ocasión se le aparece una traviesa y pequeña criatura peluda, que sale de la lámpara que pretendía alcanzar cuando tuvo la caida, que no es otro que el llamado Fleak, que da titulo a esta película.
Fleak viene de otro mundo, de otra dimensión extraordinaria, a la que traslada a Thomas a vivir con él una aventura fantástica, en la que encuentra milagrosamente la manera de poder volver a andar, tras encontrar la fuerza y la valentía de la que es capaz.
El film se puede decir que está dividido en dos partes, una primera que se desarrolla en la casa, los jardines y alrededores, y otra segunda que sucede prácticamente en esa fantasía que se desarrolla en otra dimensión en la que se acumulan todas las energías y en la que los personajes pueden volar y encontrar a nuevos amigos, como es el caso de Murphy, entre otros.
Pero allí también hay un enemigo, que es la Sombra de Thomas, que se ha separado de él, y se ha convertido en un monstruo que siembra el caos, aunque con la que finalmente hará las paces para que vuelva o el gato Peanut que se transforma en otro ser gigantesco al que tan sólo se puede hacer volver a su tamaño natural echándole agua mojándolo.
A su regreso Thomas hace frente a sus miedos y retoma la buena relación que tenía con sus hermanos y descubre la fuerza de su amistad y de su amor.
En definitiva una producción con las dimensiones adecuadas para que los pequeños espectadores no se aburran en el cine, ya que hasta en los primeros minutos de los créditos finales hay escenas de los propios personajes de esta aventura, llenas de colorido y con un dinámico montaje, en el que no se priva de incluir hasta un ballet que ejecutan los árboles en esa otra dimensión.
La dirección está a cargo del cineasta Jens Moller, que comenzó como director de arte con más de media docena de títulos, hasta que se pasó a la realización de series de televisión y a dirigir su primer largometraje, que tal vez hayan podido ver, Amigos para siempre (2009) o más recientemente Los Olchis (2021), para el que no existen secretos tras más de veinte años de experiencia en esta técnica cinematográfica, que encanta a los niños y no aburre a sus acompañantes los adultos.
De la visión de esta cinta los pequeños pueden extraer la enseñanza de la superación personal ante la discapacidad, la buena relación entre hermanos, superar el miedo al cambio y poder seguir adelante que lleva a cabo Thomas, sin perder la esperanza para abandonar la silla de ruedas y volver a ser el mismo de antes ya que la fantasía que vive le sirve para autoaceptarse tal como es.
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