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CRITICA
Por: PACO CASADO
Estamos ante la segunda parte de "la cigüeña" como popularmente se le dio en llamar a la anterior película de Manolo Summers, 'Adiós, cigüeña, adiós' (1971).
La pandilla decide criar al bebé por su cuenta, pero cuando se complica su salud corre peligro y cuando los familiares se enteran de su existencia se llevan al niño a un orfanato.
En aquella ocasión afrontaba un tema valiente como la educación sexual que le salió bien y el público pedía su continuación.
Manolo, hombre que conoce bien el cine, que sabe lo que debe hacer para que lo vean los públicos, ha tratado de realizarlo con la mayor dignidad posible.
Intenta aquí terminar lo que en la primera parte dejaba en el aire: el desconocimiento por parte de los padres de la existencia del niño, del que tarde o temprano habían de tener noticias.
Y después, se lanza en pos de la aventura, planteada en términos infantiles, con las ocurrencias y peripecias propias de los críos, que si bien a veces piensan como los adultos, también en otras actúan con más sentido común y justicia que los mayores.
Se inserta también una aguda crítica social sobre los tabúes de la política franquista, el egoísmo, la doble moral y la represión social y religiosa
Tenía que plantearse Summers el enfrentamiento generacional, la incomprensión, e incluso la falta de humanidad.
Hasta aquí el film funciona muy bien e incluso en la continuación, si nos lo planteamos como una aventura para niños, hecha con una pandilla de chavales incomparables, que realizan una arriesgada tarea, como si se tratara de realizar la más difícil misión de un agente secreto de esos que circulan por las pantallas de los cines.
Así la cinta resulta divertida y para ello hay que olvidarse de todos los convencionalismos propios de un tema tan complicado como el que se puede encontrar.en este caso
Manolo, como humorista y como director de cine, parece convertirse en uno más de la pandilla y se divierte haciendo estas travesuras cinematográficas para que también disfruten los espectadores que van a ver su cine.
Parece como si recordara los tiempos de su infancia y quisiera vengarse de todas aquellas personas mayores que en sus días de niñez no le dejaron ser feliz, representadas en las monjas y en los adultos burlados al final de esta historia.
La película posee un buen colorido en la fotografía de José Luis Alcaide, una música apropiada en la banda sonora compuesta por Antonio Pérez Olea y una dirección acertada de los actores, sobre todos de los infantiles, que actúan con gran naturalidad, que lleva a cabo Manuel Summers con una realización clásica.
Premio del Círculo de escritores cinematográficos españoles al mejor guion. Premio del Sindicato Nacional del Espectáculo al mejor film.
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