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CRITICA
Por: JUAN FABIÁN DELGADO
Si la epopeya del Oeste en las pantallas ha sido o no fiel a la verdadera historia de ese territorio es algo que nos llevaría un largo estudio no oportuno aquí.
Pero lo que sí es cierto es que el cine americano supo dar una imagen propia -verídica o no- de esa gesta, acaso la más importante en su reciente historia.
Por eso y en principio, el western europeo -que alteraba esa imagen tradicional y mítica- fue rechazado por los amantes del género.
Por eso también no resultan ni agradables ni convincentes los nuevos westerns desmitificadores que de poco a esta parte nos ofrece el mismo Hollywood.
Porque se pasa de un esquematismo a otro de signo contrario, porque se va de un extremo a otro sin demasiada convicción ni profundidad.
los que siempre vimos como héroes inmaculados, ejemplos de una nación y caballeros andantes de época actual, se transforman ahora en seres complejos, neuróticos y atormentados que llevan sobre sí una culpa intrínseca y propia.
En "Macho Callahan" el protagonista es un anti-héroe, un hombre que rompe con la ley y con la sociedad, pero que es perseguido y acosado por gentes aún más negativas, más carentes de elementos positivos.
Así, se centra la historia en las relaciones amorosas de este hombre fugitivo con la vengativa mujer de una de sus víctimas, terminando por tomar un tomo romántico y desesperado, bien llevado por la mano del director Bernard L. Kowalski.
Con un guion, pues, desmitificador y un tanto exagerado, la película cuenta con una labor realizadora aceptable, con escenas llevadas con buen pulso y una parte final bastante conseguida.
El buen trabajo de Jean Seberg y David Janssen - el antaño pulcro "Fugitivo"- termina de completar la cinta.
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