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CRITICA
Por: PACO CASADO
Adaptar a un clásico como el 'Ricardo III' shakesperiano conlleva siempre un gran riesgo, máxime si se saca del contexto histórico y la época en que se desarrolla el drama y se traslada al período de entreguerras del siglo actual.
Se sitúa la acción en una Inglaterra imaginaria en la que accede al trono Eduardo y su esposa norteamericana.
Pero su hermano Ricardo, jorobado y con un brazo inútil, maquinará para quitarlo de enmedio y sentarse él, por los métodos que sean, aunque para ello tenga que asesinar a media familia.
La idea de esta adaptación se le ocurrió a Ian McKellen, que es quien se encarga del guion y encarna al protagonista, rodeado de una serie de actores tan insignes como él a los que no hace falta ni dirigirlos, por lo que Richard Loncraine, que consiguió el premio al mejor director en el pasado Festival de Cine de Berlín, tuvo la tarea fácil en este sentido.
Tal vez por ello se dedicó, a obtener plasticidad en la fotografía y conseguir una buena ambientación, aunque de vez en cuando pierda el ritmo, los hechos se atropellen en una sucesión de asesinatos en serie realmente increíbles o que el protagonista se perfile como un dictador hitleriano en pos de conseguir sus ambiciosos deseos.
En el afán de ser fiel a la letra se deslizan frases como la de "Mi reino por un caballo" pronunciada en un contexto que más bien habría que cambiar lo de caballo por un coche o un tanque, ya que dicha así llama verdaderamente la atención.
En el aspecto interpretativo no se le puede poner pega a los ilustres intérpretes que se prestaron a este juego.
Película con aciertos parciales que para los puristas de William Shakespeare chirriará en algunos momentos y para los demás no dejará de ser una curiosa adaptación de discretos resultados. Premio Felix al mejor actor 1996.
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