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CRITICA
Por: PACO CASADO
Tras pasar por el Festival de cine de Cannes y el recién terminado Festival de cine europeo de Sevilla, llega a las carteleras comerciales 'Los colores del tiempo' (2025), dirigida por Cédric Klapisch, que demuestra el talento de este cineasta galo especialista en tratar el tema humano de manera cálida y reflexiva, con su estilo naturalista entre comedia y drama.
Esta película, uya trama se inicia en París, en el año 2025, cuenta la vida de cuatro primos lejanos, que son miembros de una amplia estirpe, que heredan una casa antigua, abandonada desde 1944 durante varias décadas y deteriorada por el paso del tiempo, situada en la zona rural de Normandía, que una empresa desea adquirirla para hacer un centro comercial.
Es una historia situada entre el presente y el pasado.
Cuando hacen inventario de la propiedad, entre los objetos antiguos descubren las fotos de sus antepasados y la figura de una mujer en el París de la Belle époque, y siguen los pasos de sus antepasados en el siglo XIX.
Es ahí cuando aparece Adèle Mounier, una joven de veinte años que en 1895 abandona su pueblo en Normandía y se marcha a París, en donde piensa buscar a sus padres, a los que nunca conoció, ya que se crió con su abuelo tras morir su abuela, en plena revolución cultural e industrial.
Entre estos dos mundos se sitúa este encantador drama de reconstrucción genealógica mediante las imágenes, en el momento en el que nacían inventos como la fotografía, el movimiento pictórico impresionista y el cinematógrafo.
Cuatro miembros de la familia, Abdel, Céline, Guy y Seb, informan al resto, del estado de la mansión para decidir si se vende o qué se hace con ella, ya que la pretende una inmobiliaria.
Posee un guion muy bien urdido en el que se va alterando el presente y el pasado de manera muy fluida, con un montaje alternativo, con el ritmo adecuado y un planteamiento original, que nos da a conocer bien a los diferentes personajes.
Por otra parte los escenarios, los decorados y el vestuario, gracias aun holgado presupuesto, están muy cuidados e igualmente el muy correcto cumplimiento interpretativo del reparto coral en general, con Suzanne Lindon a la cabeza en el papel de Adèle.
De esta forma se logra un viaje del presente al pasado en un luminoso drama entre nostálgico y emotivo que se ambienta sobre la vida, la familia, el arte y el hecho de poder encontrarnos a nosotros mismos.
Con el habitual talento para captar el alma de sus personajes, el guionista, productor y director francés, Cédric Klapisch, que tiene un cierto prestigio, confecciona los hilos de esta historia familiar y del arte en un ambicioso argumento de la memoria y de la representación de la realidad de una manera que deja impronta en el espectador que ve este film.
Esta agradable producción está llena de ingenio y de optimismo, de carácter coral, con un excelente reparto es una oda a la mejor juventud y una invitación a admirar el pasado con sus tonos originales para iluminar el porvenir e informarnos de donde vienen nuestros ancestros, que cumple bien la función de entretener e ilustrar al espectador.
Todo ello es gracias a un impresionante guion del propio director Cedric Kaplisch que pone todo su ingenio en convertirlo en imágenes.
En definitiva una oda a la juventud y una invitación a echar la mirada atrás para iluminar el porvenir.
Como curiosidad se da la circunstancia de que los principales protagonistas son todos procedentes de hijos de actores.
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