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CRITICA
Por: PACO CASADO
María hace malabarismos con cuatro hijos dos jóvenes de su primer matrimonio y otros dos pequeños del segundo y tiene una carrera exigente, mientras que su segundo marido, Sigmund, que es músico, viaja constantemente debido a su trabajo.
Un día se enzarzan en una fea discusión que lleva a Sigmund a pedirle el divorcio.
María termina marchándose de casa y busca refugio en una amiga que le deja la suya.
A partir de ese momento María tendrá que aprender a enfrentarse a sus miedos y a aprovechar la oportunidad para conocerse mejor a sí misma, a crecer y a aceptar su nueva vida debida a su situación.
Esta película es un drama conmovedor de carácter intimista que está producida por el realizador noruego Thomas Robsahm que tiene su interés desde el punto de vista fílmico, ya que da ocasión a debutar en el largometraje a la directora Lilja Ingolfsdottire y al mismo tiempo nos descubre el valor interpretativo de la actriz Helga Guren, que hace un buen trabajo que nos adentra en la vida de Naría, acatando un difícil personaje que no es precisamente lo que dice el título, sino un ser humano con todo lo que ello supone, que se enfrenta primero a los retos de la maternidad y posteriormente a tener que enfrentarse a la ruptura de su matrimonio.
Es una mujer casada en posesión de cuatro hijos dos tenidos en un matrimonio anterior del que se divorció, de lo que la culpa sobre todo Alma, su hija, que por ello no la quiera, y tras siete años casada con Sigmund, está a punto de separarse, por lo que tiene que reflexionar acerca de su pasado y plantearse la vida que le espera, y que lucha contra sí misma y con un esposo, siempre ausente, del que acabará por romper definitivamente.
Ella debe reconstruir su vida cuando su marido Sigmund le pide el divorcio tras llevar varios años de distanciamiento.
En medio de una crisis personal encuentra la fuerza para afrontar su responsabilidad y curar sus heridas de carácter emocional.
Un drama que explora las segundas oportunidades.
El film plantea no sólo la vida anterior de esta mujer sino también la que le espera de ahora en adelante.
Es fundamental la secuencia en la que María habla con su madre que la analiza a ella, le recuerda su pasado en el que María ve lo que le ocurre y comprende mejor lo que le sucede en el presente.
La filmación de esta historia tiene un sobrio estilo con cámara a mano en ocasiones, con frecuencia para conferir el ambiente familiar un tanto claustrofóbico, así como los problemas matrimoniales a los que no le encuentran solución y terminan en ruptura.
Interesa la puesta en escena de la directora noruega Lilja Ingolfsdotti, con un estilo muy personal y una manera de contar esta historia muy propia del cine nórdico, con un ritmo pausado muy adecuado al relato de lo que se nos está ofreciendo que en este sentido nos recuerda a los films de Ingmar Bergman, en el que destaca el buen trabajo de Helga Guren en el personaje de María, la protagonista.
Premio Edda. Premio a la mejor actriz para Helga Guren y especial del jurado en Karlovy Vary. Premio Amanda a la dirección, guion, Helga Guren y a la película. Premio Puffin de oro a Helga Guren en el Festival de Reykjavik. Gran premio del jurado y a Helga Guren en el Festival de Les Arcs. Premio a la película, a la dirección y el Ecuménico en el Festival CineFest-Miskolc. Premio al mejor guion en el Festival Barcelona-Sant Jordi.
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