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CRITICA
Por: PACO CASADO
Tras ser presentada en el Festival de cine de Berlín 2015 llega a los cine españoles 'Victoria'.
El hecho de rodar toda la película en un solo plano secuencia no es ninguna novedad, ya que hay clásicos precedentes, desde la genial 'La soga' (1948), de Alfred Hitchcock, hasta 'El arca rusa' (2002) de Aleksandr Sokurov, hecho que parece haber puesto de moda, como si fuera algo realmente extraordinario que no se hubiera hecho nunca o que sea una genialidad 'Birdman' (2014) de Alejandro González Iñárritu, técnica que ha seguido el español Joaquín Oristrel en Hablar (2015) y que continúa en ello Sebastian Schipper en 'Victoria' (2015), lo que supone su principal mérito, ya que lo que cuenta es una historia irrelevante.
En el famoso barrio berlinés de Kreuzberg la cámara es testigo durante dos horas veinte de todo lo que le pasa a Victoria, una chica española que se ha marchado a vivir a Berlín, donde trabaja en una cafetería.
En una discoteca conoce a Sonne y a sus tres amigos para los que la noche y la diversión acaba de empezar, que les animan a seguir con ellos y les prometen enseñarle la ciudad, un favor que debe ser recompensado, lo que le supondrá una auténtica pesadilla, que provocará un cambio total en su vida que la pondrá al borde del abismo.
Victoria pasa así de ser una chica cándida a transgredir la ley y escapar de sí misma, derivando la historia, de manera forzada, a un thriller, lo que significa violencia, disparos y persecuciones, que no resultan verosímiles.
El film está compuesto por un único plano secuencia de dos horas veinte, sin trampas, donde se recoge lo sucedido una noche entre las 4'30 y las 7'00 de la mañana.
No había guion, la historia se fue creando poco a poco, en esta especie de experimento berlinés, que es un ejercicio de estilo y de música que mezcla un tema clásico, el Vals de Mephisto, de Franz Liszt, interpretado de forma virtuosa, y la electrónica que suena a lo largo de la banda sonora.
Es una cinta curiosa pero alargada, que tiene demasiados tiempos muertos, que casi tarda una hora en arrancar, la trama posee un ritmo irregular, con algunas secuencias que se podían haber suprimido.
Es como hacer y rodar una obra de teatro, lo que para los actores es normal y no tiene mayor dificultad, pero el esfuerzo es para el equipo técnico, que es de récord Guinnes.
La verdad es que esta historia se podía haber contado sin tanto experimento de cámara y hubiera quedado mucho más ligera de metraje y mejor, con mayor interés para el espectador.
Con esta forma de contar sus cuarto largometraje no pretende el actor y director alemán Sebastian Schipper más que mostrar su genialidad con el plano secuencia, que si bien lo pide la narración al suceder la acción en tiempo real, no era realmente necesario, estando más pendiente del malabarismo técnico que de narrar una historia interesante.
Mezcla el melodrama generacional con el thriller romántico de forma frenética en el que los protagonista no pueden escapar a su destino.
El delito, los desmadres y las persecuciones tienen poco aliciente, con situaciones inverosímiles, pero el espectador se ve atrapado, sobre todo en el tramo final, que es lo poco que tiene más interés, ya que el comienzo no puede ser más anodino, con unos personajes estúpidos, con diálogos repetitivos, superficiales e insustanciales que nada dicen, de cuya parte se podían haber suprimido al menos cuarenta minutos.
Tiene unas sosas interpretaciones, pero entre ellas destaca el descubrimiento de Laia Costa, una actriz catalana, que hace su primer papel protagonista en esta película como madrileña, y es la primera española en ganar un Lola, los Goyas alemanes, que ha pasado totalmente desapercibida hasta ahora para el cine en España, sólo vista en series como Pulseras rojas y Carlos Rey emperador, siendo la mejor de todo el reparto.
Cine negro sobre la soledad en la gran ciudad que interesa a ratos, en un ejercicio técnico brillante, en el que Laia Costa está bien y consigue meter al espectador en la acción.
Tres premios en el Festival de cine de Berlín. Seis premios del cine alemán. Premio de la crítica en el Festival de cine de Noruega. Mejor película en el Festival de cine de San Diego.
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